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Contadores que cuentan

Trabajamos con y para personas. De ellas son las historias y nuestro el lugar donde
tienen voz. Todos tenemos una historia que contar y queremos compartirlas.

Estas son las historias de los Contadores en Uruguay.

Diego

Nunca se me había dado por escribir, y al guionar en las clases de stand up desarrollé una faceta artística que desconocía. Vengo de una carrera contable, es pura estructura: la lógica va antes que lo creativo. Y tuve que romper con eso. Todavía me cuesta mucho.

Soy un ingeniero frustrado. Me anoté en facultad a hacer ingeniería en computación porque me apasionaba. Las primeras materias las llevé bárbaro pero cuando me enfrenté con programación en Pascal metí el freno de mano y dije, “esto no es lo mío”. Entré a la facultad de Economía porque era el plan B.
Este año me quise sacar la espina y me inscribí en la ORT para hacer analista en programación. Es un lenguaje distinto y es mucho más amigable que en aquella época. Me está gustando más la programación que ser contador, pero voy paso a paso.
En las reuniones con mis amigos siempre era el gracioso y el que hacía los chistes. Ellos me decían, ‘Diego, tenés que hacer stand up’. Me daban manija. Una noche llegué a Mess Bar para tomar algo y justo actuaba un grupo de Club de Comedia. Me encantó. Y en verano de 2016 me decidí por hacer el curso. En las primeras clases se me dio vuelta la cabeza. Te ponen una hoja en blanco y tenés que escribir. La consigna es no parar. Te dan un tópico y escribís, escribís. Ese método hace que surjan ideas: algunas no sirven para nada y salen otras que decís, “esto puede andar”. Cuando te exigís aparecen cosas buenas.
Te diría que el trabajo más duro del comediante es abajo del escenario, y no tanto arriba. Se arranca a escribir cosas chicas. Yo tengo escrito cuatro sets cortos y con eso me manejo en los shows. En un momento hablé sobre el mundo de la convivencia porque en esa época vivía en pareja. El último set que armé es sobre cómo es ser soltero a los 30.
Nunca se me había dado por escribir, y al guionar desarrollé una faceta artística que desconocía. Vengo de una carrera contable, es pura estructura: la lógica va antes que lo creativo. Y tuve que romper con eso. Todavía me cuesta mucho. Mi técnica es observar y luego tomar apuntes en las notas del celular. Eso lo digiero y lo agarro cuando pasan los meses. Tengo notas llenas sin desarrollar porque no tengo tiempo. El stand up consiste en compartir las miserias. El éxito no hace reír porque no genera empatía. Cuando mostrás tus miserias la gente se identifica y se ríe. Al principio fue duro: desnudaba sentimientos y pensaba, “capaz que solo a mí me pasa”. Después advertís que no estás solo.
El debut fue en abril de 2016. Hicimos la muestra de Club de Comedia en el Undermovie. Sentía unos nervios en el estómago indescriptibles. Era la primera vez en mi vida que me subía a un escenario para enfrentar al público. No sabía para donde mirar. Caminaba para todos lados. Esa noche habían muchos amigos y familiares, pero hacer reír a gente desconocida es muy complicado, y sobre todo al uruguayo que no es de risa fácil.
La risa genera adrenalina y placer. Si un comediante te cuenta que le fue bien siempre te está diciendo la peor mentira. Me ha pasado de tener noches horribles, algunas mágicas y la mayoría medio pelo. Recuerdo una muy buena en el Garibaldi. Estaba lleno de gente y conecté en seguida. No me preguntes por qué, ni qué pasó, pero el público no paró de reírse. Cuando pasa eso te queda una carga energética brutal.
También se me dio por producir shows: convocaba a los comediantes, arreglaba las condiciones y cachet con el dueño del bar, me encargaba de la música, las luces, la fotografía. Y ahí oficiaba de presentador. Lo hice en Francesco de agosto a noviembre de 2016, y luego en la Chopería de 21 de setiembre. Hace un mes paré. Me gustaba pero lleva su energía. Ocho horas de trabajo, más estudiar programación, y hacer todo esto me generó cierto desgaste. Mi idea es volver con un show propio. Ahora me bajé del escenario porque quiero tomarme un tiempo para armar un material que valga la pena. Algo prolijo y que me convenza.
Lo que más rescato del stand up es la capacidad de enfrentarte a tus propios miedos. Cuando te parás ante un público desconocido luchan muchas cosas: ¿seré aceptado?, ¿lo que voy a decir cumplirá su objetivo? Mi vieja fue muchas veces a verme y hacía chistes relacionados con ella, y quizá eran cosas fuertes de las que se enteraba en el momento del show.