90% de las empresas con Factura Electrónica en 2019

El proyecto de Factura Electrónica se empieza a gestar en 2010, año en que Pablo Ferreri asume como titular en la Dirección General de Rentas (DGI) y fue uno de los proyectos insignia del quinquenio. El hoy subsecretario de Economía y Finanzas, nos cuenta los desafíos que afrontaron y las oportunidades que genera el nuevo sistema.

¿Cómo se gestó el proyecto de facturación electrónica que usted mismo ha calificado de revolucionario?

Asumo la titularidad de la DGI en marzo de 2010 y cuando hacemos la planificación de los proyectos que queríamos llevar adelante en el periodo, uno de los más importantes fue el de factura electrónica, enmarcado una de las líneas estratégicas que fue la intensificación de tecnología de punta tanto a lo interno de la organización como en la relación con los contribuyentes.

Un aspecto clave era mejorar la capacidad de documentación y registro de las transacciones económicas, ya que Uruguay venía atrasado en eso, porque en América Latina, en general de la facturación en papel se pasó a un esquema intermedio que eran las impresoras fiscales, máquinas que se adosaban a las cajas registradoras e iban guardando en papel toda la información. Al final del día, vía celular, se pasaban los datos a la Dirección General Impositiva. Como Uruguay nunca lo implementó teníamos dos alternativas: o sumarnos a la impresora fiscal o dar un salto mucho más ambicioso, que era saltearnos ese paso e ir directamente a la factura electrónica que solamente estaba empezando a desarrollarse en México, Chile y Brasil.

Nos jugamos ir directo a la factura electrónica, lo que fue muy bueno para la DGI porque sirvió para encaminar a toda la organización detrás de un proyecto, que también generó cosas muy buenas hacia adentro.

Otro aspecto clave fue que lo trabajamos desde un primer momento con el sector privado, que identificó que había capacidad de mejorar la eficiencia y reducir costos, entre otros beneficios. A nosotros también nos servía, por lo que logramos una sinergia positiva muy fuerte. Si lo hubiera querido hacer solo el sector privado no hubiera podido, y si nosotros lo hubiéramos querido impulsar de manera obligatoria tampoco hubiera sido posible. Así que al trabajar todos juntos funcionó muy bien, hicimos un plan piloto de 20 empresas, donde tuvieron un protagonismo muy fuerte las grandes cadenas de supermercados.

¿Cómo se evaluó el plan piloto?

Tienda Inglesa fue donde emitimos la primera factura electrónica, después siguieron algunas administradoras de crédito, Antel, y algunas otras empresas. Generamos un universo chico pero que cubriera la mayor cantidad de variantes de emisión de documentación.

Ese plan piloto funcionó bien, tuvimos mucho asesoramiento del exterior, fundamentalmente de Chile, pero también de Brasil y México. Hicimos una inversión de tecnología muy fuerte y dedicamos recursos humanos capacitados.

Definir la idea, armar el plan piloto y diseñar el sistema, nos llevó parte del 2010 y el 2011. Así que en 2012 las empresas comenzaron a facturar electrónicamente en el marco del plan piloto.

¿Cuál fue el siguiente paso?

Una vez que la primera etapa quedó operativa comenzamos a agregar empresas. La DGI tiene un cronograma, que propone que hacia 2019, de manera obligatoria, vayan entrando contingentes cada vez más grandes de empresas. El plan es obligar primero a las más grandes para luego exigirlo a las más pequeñas. Creemos que un 90% de las empresas uruguayas estará facturando por el nuevo sistema en 2019.

Eso significa un cambio radical, porque implica tener prácticamente toda la documentación del Uruguay en sistema digital; de los que venden pero también de los que compran, entonces eso va a ser un ahorro de costos gigantesco para las empresas.

Los cambios logísticos son muy fuertes y para la DGI, la disponibilidad de información en tiempo real cambia totalmente, así como también cambia la forma de generar las inspecciones.

¿Por qué?

En el pasado y en parte actualmente, hay que ir a buscar la documentación a la empresa para ver si tiene alguna inconsistencia. A partir de ahora todo eso es previo y se pueden realizar todos los cruces de información. Va a ser más eficiente porque cuando se llama a un contribuyente es porque se sabe que tiene un problema. La tasa de éxito en las inspecciones es mucho más alta pero además evita molestar a quienes no tienen problemas.

Realmente es un salto cualitativo y cuantitativo gigantesco y también implica un desafío de segunda generación. El primero es implementar el sistema, que funcione bien, conectar toda la información, pero después que se tienen millones de datos el desafío pasa por trabajarlos bien.

¿Qué se hace con esos datos?

Si esos datos no se trabajan bien son simplemente un montón de basura. El potencial está si son bien explotados. Entonces, la DGI en paralelo a la expansión del sistema, ha ido trabajando en herramientas de business intelligence, ha invertido mucho en su departamento de fiscalización para tener un software que permita hacer un análisis de la información mucho más potente.

Mientras se expande el sistema se va trabajando en eso y después todo converge. Realmente fue una ecuación ganar-ganar. Los comerciantes y los empresarios honestos que están cumpliendo con sus obligaciones vieron una oportunidad de reducción de costos, porque toda la logística se simplifica. Imaginemos los costos que implica alquilar habitaciones, depósitos para guardar toneladas de documentos. Para la DGI también era muy positivo. Veíamos que los únicos que perdían eran los que evadían impuestos y con esto se les complicaba bastante.

Es una iniciativa que a nivel organizacional fue un desafío muy importante; implicó un desafío tecnológico y organizacional porque había que estar preparado para todo lo que implicaba, que fue muy fuerte y que salió muy bien. A nivel personal es un orgullo y una satisfacción muy grande de ver que hoy eso camina como debía caminar y que uno fue un poco el “padre de la criatura”.

¿Cuál es su vínculo hoy con ese proceso?

Es más que nada institucional, porque el Ministerio es jerarca de la DGI. Además de lo institucional tengo muchos amigos y gente con la cual compartimos muchas cosas. Pero hoy no estoy en el día a día del proceso.

¿Cuáles fueron los puntos más desafiantes durante el proceso?

Las empresas que participaron en el plan piloto lo hicieron de manera voluntaria por lo cual no había resistencia al cambio, al contrario. Lo más complejo fue la generación de un sistema que fuera útil para todos los tipos de negocio. Los protocolos tecnológicos y conceptuales, que nos llevaron casi un año. Más allá de los problemas, fue una experiencia positiva en la que hubo que poner mucha energía.

¿Cómo está funcionando actualmente?

Actualmente, más del 40% de la documentación en Uruguay se emite electrónicamente. El sistema está funcionando dentro de lo que teníamos previsto, y en términos de volumen, ya van más de 1.000 millones de documentos emitidos.

Las primeras obligadas fueron las 250 empresas que, por su volumen, están en la categoría de grandes contribuyentes. Luego se fueron sumando otras por franjas de facturación. Ese tope va a seguir bajando año a año.

¿Hay algún costo adicional para las empresas?

Además del certificado de firma digital, que cuesta unos US$ 100, el único costo es el software que deben adquirir las empresas. Pero como contrapartida están los ahorros que se generan, que en general son, en el mediano plazo, bastante mayores que los costos que generan. Además la inversión inicial, durante un lapso determinado es considerada en un 70% como pago a cuenta de impuestos. En su momento hubo un esquema de estímulos fuerte para que las empresas se adhirieran al plan.

La DGI certifica que las ciertas empresas proveedoras de software ofrecen sistemas que cumplen con los parámetros necesarios para intercambiar la información eficientemente.

¿Ha influido este proceso en la caída de la evasión?

Creo que es algo que comienza a colaborar de manera importante. Al poder contar con tanta información se van a poder generar más controles. Yo diría que recién ahora está tomando una masa crítica fuerte como para poder ser una herramienta importante.

Empezó a facturarse en 2012 -2013, así que recién van tres años desde que se empezaron a sumar empresas al sistema, pero ahora ya hay una masa crítica que permite utilizar de manera potente la información. Y eso va a ir creciendo.

Desde hace unos años, Uruguay tiene la tasa de evasión del IVA más baja de América Latina, y está en el entorno del 13%. Con estos esquemas masivos se van cerrando un montón de puertas a la evasión.

¿En la era de la vulnerabilidad digital, cuáles son los niveles de seguridad del sistema?

Se trabajó mucho en lo que es el cifrado digital, la firma digital, el PIN, varios elementos de seguridad que generan un esquema bastante confiable. Por lo que tengo entendido, hasta ahora no se han generado problemas.

También hay pensados sistemas de contingencia en caso de que las empresas no puedan facturar electrónicamente. Al final del día o cuando se restablezca la posibilidad se ingresa toda la información digitalmente.

¿Cuál es el paso siguiente?

Hay que tener la cabeza abierta para innovar. Creo que el paso siguiente es completar la universalización del sistema. Una vez que se tiene toda la documentación de compra y de venta de una empresa, con pocos datos más, como el stock inicial para poder cerrar la ecuación de ventas, más el dato de salarios y cargas sociales, uno puede tener toda la información importante a los efectos fiscales. Por lo tanto, si tengo todas las compras y todas las ventas y pido esos otros tres datos, puedo liquidar los impuestos sin la necesidad de que las empresas lleven contabilidad.

Brasil, que en algunos ámbitos ya tiene universalizado el sistema, ha dejado en algunos casos de requerir la obligatoriedad de llevar la documentación contable. Por lo tanto aquí podemos pensar, a mediano plazo, en ese paso para continuar reduciendo costos y complicaciones a los contribuyentes.  La redefinición de la profesión contable creo que es una muy buena noticia y un gran desafío porque los contadores dejarían de ser meros tenedores de libros para enfocar la profesión a agregar verdadero valor a sus clientes.

Fuente: http://www.dnegocios.uy/articulo/1224/el-90-de-las-empresas-usara-factura-electronica-en-2019

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